Desde hace unos diez años, un número creciente de estudios científicos establece un vínculo entre un consumo elevado de alimentos ultraprocesados y un mayor riesgo de numerosas enfermedades crónicas. Algunos estudios también sugieren una relación con ciertos trastornos de la salud mental, como síntomas depresivos o determinados trastornos cognitivos.
Durante mucho tiempo, estos efectos se atribuyeron únicamente a su mala composición nutricional: demasiado azúcar, sal o grasas. Sin embargo, las investigaciones recientes sugieren una realidad más compleja. De hecho, varios trabajos muestran que los efectos negativos de los alimentos ultraprocesados persisten incluso cuando las calorías y los aportes nutricionales son comparables, lo que sugiere que el problema no se limita a los nutrientes, sino que también está relacionado con la propia naturaleza de estos productos y con los procesos utilizados para fabricarlos.
Pruebas ya sólidas para varios factores de riesgo importantes
Hoy en día, más de un centenar de estudios convergen en una misma conclusión: un elevado consumo de alimentos ultraprocesados está asociado a un mayor riesgo de numerosas enfermedades crónicas, como obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, hipertensión, dislipidemia (desequilibrio del colesterol y/o los triglicéridos)e incluso ciertos tipos de cáncer1-8. Diversos trabajos también muestran una relación con síntomas depresivos, trastornos cognitivos y del sueño, así como con una mayor mortalidad global10-12.
Estos resultados se basan actualmente en un conjunto de estudios convergentes con diferentes metodologías científicas complementarias: metaanálisis, revisiones paraguas, grandes cohortes seguidas durante varios años, estudios transversales y, más recientemente, ensayos clínicos controlados y aleatorizados. Además, estos resultados se observan en numerosos países, en distintas etapas de la vida y en poblaciones muy amplias y diversas, lo que refuerza la solidez de las asociaciones observadas.
El riesgo cardiovascular es uno de los efectos mejor documentados. Un análisis publicado en 2024, realizado sobre más de 200.000 adultos estadounidenses seguidos durante varias décadas, mostró que un elevado consumo de alimentos ultraprocesados estaba asociado a un aumento significativo del riesgo de enfermedades cardiovasculares, especialmente infartos y accidentes cerebrovasculares. En este estudio, los participantes que consumían más alimentos ultraprocesados presentaban un riesgo un 11 % mayor de enfermedades cardiovasculares y un 16 % mayor de enfermedades coronarias que quienes consumían menos, incluso después de tener en cuenta numerosos factores, como el tabaquismo, la actividad física o la calidad global de la alimentación12.
También se han observado asociaciones sólidas con otras enfermedades crónicas, especialmente diabetes tipo 2, obesidad y ciertos cánceres. Es el caso, en particular, de los trabajos procedentes de la cohorte francesa NutriNet-Santé, una de las mayores cohortes nutricionales del mundo. Sus resultados son llamativos: un aumento de solo el 10 % en la proporción de alimentos ultraprocesados en la alimentación estaría asociado a13-15:
- +12 % de riesgo de cáncer por todas las causas;
- +11 % de riesgo de cáncer de mama;
- +15 % de riesgo de diabetes tipo 2;
- +11 % de riesgo de sobrepeso;
- +9 % de riesgo de obesidad.
Estas asociaciones siguen una lógica de dosis-respuesta: cuanto mayor es la proporción de alimentos ultraprocesados en la alimentación, mayor tiende a ser el riesgo. En otras palabras, estos efectos no afectan únicamente a las personas que los consumen de manera excesiva. Incluso en niveles moderados, un aumento progresivo ya puede ir acompañado de un incremento gradual del riesgo. A la inversa, reducir su presencia en la alimentación podría contribuir a disminuir este riesgo.
Síntesis recientes van aún más lejos y permiten jerarquizar estas asociaciones según su nivel de evidencia. Revisiones paraguas y metaanálisis publicados en 2024 y 2025, es decir, trabajos que agrupan y evalúan los mejores estudios disponibles según estrictos criterios de calidad, confirman que el vínculo entre un elevado consumo de alimentos ultraprocesados y determinadas enfermedades se basa en pruebas sólidas.
La revisión paraguas de 2024 analizó los datos de 9,9 millones de personas procedentes de 14 estudios independientes de muy alta calidad. Puso de manifiesto asociaciones directas entre el consumo de alimentos ultraprocesados y un mayor riesgo de 32 problemas de salud. Posteriormente, los investigadores identificaron las asociaciones que contaban con el nivel de evidencia más elevado:
Estos resultados se ven corroborados por el gran metaanálisis publicado en 2025 en The Lancet, una de las revistas médicas más prestigiosas y citadas del mundo, realizado con la participación de 20 expertos internacionales. De los 104 estudios analizados, llevados a cabo en grandes poblaciones, en varios continentes y en diferentes etapas de la vida, 92 mostraron un aumento significativo del riesgo de más de una docena de problemas de salud.
Este metaanálisis encontró, en particular, un aumento de alrededor del 18 % del riesgo de mortalidad por todas las causas entre las personas que consumían más alimentos ultraprocesados. También puso de manifiesto asociaciones marcadas con varias otras patologías, especialmente un aumento del 90 % del riesgo de enfermedad de Crohn, del 33 % del riesgo de obesidad abdominal y del 26 % del riesgo de dislipidemia.
En conjunto, los efectos observados afectaban a casi todos los grandes sistemas del organismo, lo que sugiere que los alimentos ultraprocesados pueden perjudicar la salud a través de varios mecanismos distintos.
Otros efectos preocupantes en estudio
Para algunas patologías, las pruebas todavía se están consolidando, pero los resultados disponibles son lo suficientemente preocupantes como para merecer atención. Es el caso, especialmente, de la salud intestinal, la reproducción y el hígado.
La salud intestinal
Los alimentos ultraprocesados son especialmente perjudiciales para la microbiota intestinal, ese conjunto de miles de millones de microorganismos que desempeñan un papel central en nuestra salud (véase nuestro artículo sobre la microbiota). La causa es tanto su perfil nutricional desfavorable como la presencia de numerosos aditivos que pueden alterar la composición y el equilibrio de este frágil ecosistema17,18.
Este perfil nutricional desfavorable, caracterizado por un bajo contenido en fibra y compuestos bioactivos, y una abundancia de nutrientes de rápida absorción, dificulta el desarrollo de bacterias intestinales beneficiosas en favor de especies menos favorables. Poco a poco se instala un desequilibrio de la microbiota, lo que se conoce como disbiosis19.
Las consecuencias pueden ser múltiples. A nivel metabólico, la disbiosis puede alterar la regulación de la insulina, favorecer el almacenamiento de grasa, aumentar los antojos de azúcar y grasas y provocar una disminución persistente de la energía. Los estudios también destacan su papel en la aparición de ciertos trastornos de la salud mental, como la ansiedad y la depresión. Una microbiota desequilibrada puede alterar la síntesis de determinados mensajeros químicos del cerebro, como la serotonina y la dopamina, lo que puede tener efectos negativos sobre la motivación, el estado de ánimo y, de forma más general, sobre la salud mental20,21.
Además, algunos de los aditivos presentes en los alimentos ultraprocesados, especialmente los emulsionantes y los edulcorantes, pueden alterar la barrera intestinal y provocar un aumento de su permeabilidad. Compuestos proinflamatorios pueden entonces pasar a la circulación sanguínea y contribuir a un estado de inflamación crónica de bajo grado, considerado actualmente un factor implicado en numerosas enfermedades crónicas: diabetes tipo 2, obesidad, enfermedades inflamatorias intestinales, ciertos cánceres o esteatosis hepática no alcohólica22-25.
La reproduccion
Un ensayo clínico publicado en 2025 mostró que, en solo tres semanas, una alimentación rica en alimentos ultraprocesados bastaba para alterar varios marcadores de la salud reproductiva masculina: disminución de la motilidad de los espermatozoides, deterioro de la calidad del semen y alteración de ciertas hormonas implicadas en la fertilidad, incluida la testosterona. Un resultado aún más llamativo porque se observa con igual aporte calórico, lo que sugiere que no es la cantidad ingerida la responsable, sino la propia naturaleza de los alimentos consumidos26.
Efectos sobre el hígado
La literatura reciente sugiere una posible asociación entre un elevado consumo de alimentos ultraprocesados y un mayor riesgo de esteatosis hepática no alcohólica, más conocida como «enfermedad del hígado graso». Esta patología parece verse favorecida especialmente por la presencia masiva de azúcares industriales en estos productos, en particular los jarabes con alto contenido en fructosa.
De hecho, un exceso de fructosa estimula la producción de grasa en el hígado. Además, cuando se supera la capacidad de absorción del intestino delgado, parte de la fructosa no absorbida se convierte en una fuente de alimento fácilmente accesible para determinadas bacterias menos favorables al equilibrio de la microbiota intestinal, lo que puede agravar la disbiosis27,28.
Sin embargo, el hígado desempeña un papel central en nuestra salud: participa en numerosas funciones metabólicas, especialmente en la regulación de los azúcares y las grasas, así como en la eliminación de determinadas sustancias. Según los resultados de tres grandes cohortes realizadas en Estados Unidos y Reino Unido, que agrupan a más de 250.000 personas, parte de los efectos negativos asociados a los alimentos ultraprocesados podría explicarse por su impacto sobre el hígado y los mecanismos inflamatorios del organismo. Los investigadores estiman que estas alteraciones podrían explicar alrededor del 20 al 30 % de las asociaciones observadas entre el consumo de alimentos ultraprocesados y ciertos riesgos para la salud29.
Un problema que no se reduce a las calorías
Durante mucho tiempo, los alimentos ultraprocesados se consideraron problemáticos principalmente porque eran demasiado grasos, demasiado azucarados o demasiado salados. Sin embargo, los trabajos recientes sugieren que sus efectos no se explican únicamente por su composición nutricional.Así, varios estudios han tratado de verificar si los efectos observados podrían explicarse simplemente por el hecho de que los alimentos ultraprocesados suelen ser más ricos en calorías, azúcar, sal o grasas. Sin embargo, en numerosas cohortes, las asociaciones con la obesidad y otros problemas de salud persisten incluso después de tener en cuenta estos factores nutricionales. Una revisión publicada en 2022 concluye así que los efectos observados no parecen explicarse completamente por la sola composición nutricional de los alimentos30.
Los ensayos clínicos apuntan en la misma dirección. El estudio más destacado sobre el tema fue publicado en 2019 por un equipo de los National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos. En este ensayo controlado, veinte adultos recibieron sucesivamente dos regímenes alimentarios: uno compuesto principalmente por alimentos ultraprocesados y otro por alimentos poco procesados. Las comidas servidas habían sido diseñadas para ser comparables en calorías propuestas, azúcares, sal, grasas, proteínas, carbohidratos y fibra. No obstante, los participantes podían comer la cantidad que quisieran. Resultado: cuando seguían el régimen ultraprocesado, ingerían unas 500 calorías más al día y ganaban de media 0,9 kg en solo dos semanas. Por el contrario, cuando seguían el régimen poco procesado, perdían de media 0,9 kg en el mismo periodo. Este estudio marcó un punto de inflexión importante porque fue uno de los primeros en mostrar experimentalmente que alimentos comparables desde el punto de vista nutricional pueden producir efectos muy diferentes según su grado de procesamiento.
Resultados similares se observaron en un ensayo aleatorizado publicado en 2025 en la revista Nature Medicine32. Los investigadores compararon dos dietas que respetaban las recomendaciones nutricionales británicas, pero una estaba compuesta principalmente por alimentos ultraprocesados y la otra por alimentos poco procesados. A pesar de presentar perfiles nutricionales globalmente comparables, los participantes perdieron aproximadamente el doble de peso con la dieta poco procesada. Una vez más, estos resultados sugieren que los efectos de los alimentos ultraprocesados no se explican únicamente por su contenido en calorías, azúcar, sal o grasas.
Una de las explicaciones planteadas por los investigadores tiene que ver con las características físicas de los alimentos ultraprocesados. Sus texturas, a menudo blandas o crujientes, requieren poca masticación y favorecen una ingestión rápida. Sin embargo, comer rápido altera los mecanismos de saciedad y puede llevar a consumir más calorías. Esta hipótesis se ve respaldada por un estudio publicado en 2025. Los investigadores observaron que los alimentos que se consumían más lentamente daban lugar espontáneamente a un consumo de unas 369 calorías menos al día que los alimentos ingeridos rápidamente, a pesar de presentar perfiles nutricionales comparables33. Estos resultados sugieren que la textura de los alimentos y la velocidad de ingestión podrían desempeñar un papel importante en los efectos observados con los alimentos ultraprocesados.
- ¹ Monteiro, C.A., Louzada, M.L., Steele-Martinez, E., Cannon, G., Andrade, G.C., Baker, P., Bes-Rastrollo, M., Bonaccio, M., Gearhardt, A.N., Khandpur, N., Kolby, M., Levy, R.B., Machado, P.P., Moubarac, J.C., Rezende, L.F.M., Rivera, J.A., Scrinis, G., Srour, B., Swinburn, B., and Touvier, M., 2025. Ultra-processed foods and human health: the main thesis and the evidence. The Lancet, 406(10520), pp. 2667–2684. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(25)01565-X
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